Día Internacional de la Mujer: una lucha constante

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Hoy, Día Internacional de la Mujer, no se trata de que le des una rosa a las mujeres que conozcas, les regales dulces, las felicites, les digas que son grandiosas, “sigue así, nunca cambies” y demás clichés.

Lo importante de este día no son felicitaciones y festejos, se trata de conmemorar que hay mucho camino por andar.

Aunque ha habido avances sobre todo para las mujeres en países desarrollados, de estratos sociales más privilegiados, no se puede negar que hay mujeres que viven todo tipo de situaciones tristes, injustas, terribles.

La violencia hacia las mujeres, los feminicidios, la trata de personas, la esclavitud sexual son temas que siguen existiendo en este país, por ejemplo, y ni les menciono las atrocidades que se viven en otros países, como la ablación femenina, las lapidaciones por “adulterio” (aunque seas viuda), las mujeres quemadas con ácido por pedir derechos como la educación, la falta total de libertad de las mujeres de hacer cosas tan simples como salir solas, manejar, entre muchísimas situaciones más.

Y en la vida diaria sigue existiendo entre muchos y muchas la idea o la creencia de que el trabajo doméstico es “irrelevante” y poco importante, aunque las mujeres hagan labores de lavandera, niñera, profesora, enfermera, planchadora, etc, etc, etc., que si se pagara por todos estos oficios sería una carga económica impresionante para una familia. Esta forma de minimizar ese trabajo sirve para que haya hombres todavía hoy en día que las traten como “mantenidas” y como si no aportaran nada con su esfuerzo diario, de 24 horas, 365 días del año.

Se trata de crear conciencia de que la falta de equidad es una situación que afecta a todos, porque una mujer no educada, violentada, pobre, sin oportunidades por supuesto que no podrá crear riqueza a su alrededor, no podrá educar (si tiene hijos) a buenos seres humanos, no podrá ayudar a que su entorno se vuelva mejor.

También que la falta de equidad afecta a los dos géneros, porque los hombres también viven obligados a tener cierto papel y cierto rol en su vida, desde ser forzosamente los proveedores, no poder mostrar sus sentimientos, ser los “fuertes”, no saberse expresar más que de forma violenta (gritar y enojarse al frustrarse también es violencia), no poder tomar roles alternos -que ella trabaje y él administre la casa y cuide niños-, etc.

Ser feminista tampoco es ser -necesariamente- radical. Tampoco es antónimo de machismo. Quienes no hemos caído en radicalismos (que sí hay algunas mujeres que desprecian a los hombres sin duda) y nos identificamos con esta idea no tratamos ni de rebajar a los hombres ni de arrebatarles nada, solamente pedimos igualdad de oportunidades, que no nos discriminen por la posibilidad de embarazarnos, por tener hijos, que no nos paguen menos que los hombres por trabajos exactamente iguales, que no nos acosen, que no nos minimicen por ser mujeres y nos permitan expresarnos.

¿Quieren saber más de la lucha de las mujeres y de por qué se ha intentado cambiar las cosas? Vean este documental (está en inglés, pero tiene subtítulos y está entendible en general):

Makers: Women who made America

No creo que ninguna de estas peticiones sean radicales ni le quiten nada a nadie. Es odioso cuando un hombre educado en e machismo y que no conoce otra cosa no puede entender esto y se comporta como amenazado por estas expresiones. Y sin duda es peor cuando las mujeres nos enfrentamos, por estas posturas, con otras mujeres que todavía actúan y hasta educan desigualmente, desde enseñando a sus hijos a no mover un dedo ni ayudar en casa, dándole todo el poder a los hombres de decisión sobre ellas y sus hijos, hasta metiéndole el pie a otras mujeres en los trabajos, inventándoles chismes, burlándose de quienes son diferentes o quieren algo diferente para ellas mismas y los suyos.

Yo me alegraré mucho el día que NO necesitemos un “Día de”, porque significará que por fin hay un cierto nivel de equidad y que las injusticias y la violencia se ha acabado. Ojalá algún día suceda.

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Sobre “las mujeres no podemos tenerlo todo”

Hace unos meses leía el artículo con el título de este post, escrito por Anne-Marie Slaughter, una ex funcionaia en el Departamento de Estado del gobierno de EU. En su extenso (pero muy recomendable) texto esta mujer, que dejó una posición de poder por cuidar a sus hijos adolescentes, explicaba por qué tomó tal decisión.

Durante una fiesta con el Presidente Barack Obama y su esposa, Michelle Obama, Anne-Marie descibió que bebía champaña, saludaba a dignatarios de todo el mundo, se mezclaba en la multitud, pero aún así no podía dejar de pensar en su hijo de 14 años, quien acababa hacía 3 semanas de comenzar 8o. grado (nuestro 2o. de secundaria en México) y que mostraba el mismo patrón de siempre: saltarse la tarea, interrumpir clases, fallar en matemáticas y alejar a cualquier adulto que tratara de acercarse y ayudarlo. Casi no se hablaron en todo el verano, y el año pasado había recibido varias llamadas ugentes que hacían que tuviera que regresar a su casa, en New Jersey, desde Washington, D.C. Su marido era quien se encargaba de los niños y apoyaba su carrera, ya que ella no estaba en casa entre semana (excepto durante esas llamadas urgentes).

La situación la llevó a pensar en escribir un texto llamado “Las mujeres no pueden tenerlo todo”, a lo cual una colega a quien le comentó reaccionó horrorizada, pues sería un horrible ejemplo a mujeres más jóvenes viniendo de alguien con tanto éxito. Sin embargo, en cuanto tuvo que regresar a la Universidad de Princeton, a su trabajo como académica, del cual le dieron un permiso de dos años, lo hizo sin dudar.

Cuando explicaba por qué había regresado (no sólo por las reglas en la Universidad de Princeton, sino para estar más iempo con su familia). Aunque no dejó el trabajo precisamente (aún daba clases de tiempo completo, escribía columnas en línea sobre política pública, daba 40 o 50 discursos al año, aparecía en TV y radio y planeaba un libro) rutinariamente recibía reacciones a su decisión de otras mujeres de su edad o mayores que iban desde decepción (“qué mal que tuvieras que dejar tu trabajo en Washington) hasta condescendencia (“no a todas nos pasa lo que a ti, yo nunca tuve que renunciar y mis hijos resultaron muy buenos”).

Esto la enojaba. Y comprendo perfectamente por qué. No sólo parecían asumir que la opción de estar más con la familia, por el bien de los hijos, era triste o desafortunada, sino que también posiblemente ella era la culpable de que las cosas no fueran manejables, que su forma de ser madre no era eficiente y por eso sus hijos mostraban signos de estar a disgusto con ella lejos.

Y esto la llevó a darse cuenta que había dos tipos de mujeres: las que decidían bajar el ritmo o incluso dejar sus carreras para tratar de que su familia estuviera bien atendida y contenta, con ella cerca de los hijos, y las que se burlaban o menospreciaban a las mujeres que tomaban este camino por ser ellas mujeres que pretendían ser heroínas: manejar una carrera exitosa, la educación de los hijos y una relación amorosa, quienes con cierta superioridad criticaban su falta de compromiso con ellas mismas, el dejar de tener el prestigio de ser mujeres de carrera (como si al dejarlo o hacer menos actividades relacionadas ya no valieran igual), dejar de ser mujeres que “lo tenían todo”. De esta forma, esas mujeres, las críticas, daban a entender que las mujeres que se sentían agobiadas tenían la culpa de no poder manejarlo todo, de no poder subir en la carrera tan rápido como los hombres y tener una casa y familia ideales (y además estar delgadas y hermosas).

¿De qué se trata, me pregunto? Esta actitud (aunque en menor medida ya que en nuestro país aún hay cierta idea tradicional de que las mujeres permanezcan en casa) de repente me ha tocado verla tanto algunas  mujeres solteras o casadas y con hijos que continúan su carrera a paso veloz mientras crían a sus niños.

Sí, no digo que sea imposible hacerlo, que una no pueda intentar ser “multitasking” (aunque científicamente es una falacia, en realidad ser multitareas es solamente hacer varias tareas en sucesión de forma rápida), llevar casa, niños, relación con la pareja y varias cuestiones, pero… con algunos factores que hay que analizar.

Quienes yo, en mi vida real, he visto que han logrado sacar adelante a sus hijos incluso teniendo una carrera en la que se mantienen activas han tenido, en algunos casos, ayuda: del esposo, las propias madres de estas mujeres, de una comadre, tíos de los niños o al menos de una persona que les ayuda en su casa a traer y llevar a los niños a la escuela, darles de comer, verificar que se bañen, vistan adecuadamente, hagan tarea, etc.

En otros casos, han tenido que sacrificarse ellas e incluso un poco a los mismos niños al tenerlos en escuelas de horario extendido y estancias infantiles y guarderías donde la atención no es igual que con un familiar o persona de confianza, pero que puede proveerles en sus necesidades básicas. Estas madres pueden atender a sus hijos sólo cuando, tras terminar su jornada regresan todos a casa, donde aunque pudiera ser que le dé tiempo de calidad, no es exactamente como esta con ellos en sus momentos importantes.

Yo he pasado por ambas etapas: la de salir de casa a trabajar, todo el día, dejar a los niños en manos de alguien más, fuera mi marido o suegra y vivir dividida entre saber que mi hija (aún no nacía mi pequeño) vivía  diferentes tipos de experiencias y momentos felices lejos de mí y tener que hacer un trabajo, que aunque me apasionaba, en cierta forma era también por darle un extra económico.

También he pasado por la etapa de dejarla a ella y a mi hijo en una estancia infantil en lo que yo realizaba labores para una empresa. El dinero era apenas lo suficiente para sacar los costos de vivir en la ciudad, en un departamento, solventar servicios y gastos de la guardería de los niños, así como generales, y aunque mi empresa era flexible en dejarme ir a atenderlos en caso necesario, que pudiera yo llevar a mi hija a la primaria, ir a juntas y varias situaciones, la tensión que yo sentía no era posible quitármela del todo. Si a eso le agregan que trabajaba en una zona de la ciudad y vivía en una zona distinta y teníamos que trasladarnos todos a la zona donde vivía entenderán que las cosas eran complicadas, por decir lo menos.

Y por último mi situación actual. Soy freelance, trabajo desde casa, busco clientes y hago un trabajo que tengo desde hace algunos años evaluando información. Debido a que no tengo familiares cercanos en la ciudad o al menos alguien de confianza que pudiera cuidar de mis niños, o el sueldo necesario con el cual poder pagar a alguien capacitado para ello o una estancia con todos los servicios cercana a mi trabajo, mi decisión ha sido continuar así.

Y sin embargo, aunque es mi opción, aunque estoy haciéndolo porque tengo la idea de que si traje a dos pequeños al mundo lo mínimo que puedo hacer es tratar de darles, dentro de mis particulares circunstancias, lo más de mi atención y la mejor educación que puedo (con todo y errores y dudas que todas las madres tenemos) aún así me sigo encontrando con gente que juzga. Que porque no eres “mujer ejecutiva” entonces eres “mantenida” (y como les digo, sigo aportando económicamente), que porque quizá no está entre tus prioridades la última ropa de moda y demás vanidades, entonces de “fodonga” no te bajan (y eso que no han visto a las mamás que se van a dejar a los niños en piyama, ja), que porque quien sale a trabajar fuera de casa (reitero, yo sigo trabajando dentro y además administrando la casa) entonces eres una “antifeminista” y “creída del cuento de las princesas”.

¿No les parece que las mujeres deberíamos tener opciones? Yo no juzgo a quienes eligen salir a trabajar, dejar a sus hijos con alguien más, familiar o no, en guarderías o estancias, ni me pasa siquiera por la cabeza tacharlas como “desobligadas”, “egoístas” o “insensibles”, como pudieran llamarlas personas que las juzguen superficialmente. Mi respeto para ellas y sé que varias se las arreglan para llevar las cosas bien, ya sea con apoyo familiar o no, y que sus niños vayan respondiendo de la manera correcta.

Pero creo que si otras mujeres (porque también conozco congéneres que optaron por eso) que decidimos darle menos velocidad a la carrera también es una opción válida, tomada evaluando todas las opciones. Y también, que no se puede pedir que todos reaccionemos igual ni vivamos las mismas situaciones o con las mismas ventajas (sueldo, ayudas, instancias oficiales). En pocas palabras, cada quien debería ocuparse de vivir en las mejores circunstancias posibles y dejar que otras personas vivan de acuerdo a las propias, sin juzgar ni intervenir a menos que sea para ayudar.

De niñas pobres rubias y racismo

Hace semanas corre por Facebook principalmente la foto de una niña rubia de ojos claros (verdes, al parecer) con un texto del más asqueroso racismo que he visto en mucho tiempo.

Resulta que al “buen samaritano” que tomó la foto le pareció “raro” que una niña rubia y de ojos claros estuviera pidiendo limosna en un crucero de Guadalajara. También añadía este mismo personaje que los padres no eran para nada parecidos a la niña (genial su científica evidencia, claro) y que quizá era trata de menores.

Tan sonado fue el caso que llegó a los medios nacionales e incluso internacionales y a nuestras eficientes autoridades, quienes procedieron a (adivinen) ir por la niña, la madre, meter a ésta a la cárcel dos días e interrogarla (con qué pruebas reales, quién sabe) y meter a la niña a un orfanato (presuntamente por explotación de menores, por ponerla a pedir limosna, pero yo dudo mucho que ésa fuera la motivación real.

Me pregunto, ¿cuán hipócritas somos en este país? ¿Cuánto tiempo más negaremos que el racismo es una cosa real, presente en nuestras expresiones diarias y en nuestras acciones? ¿Que las autoridades padecen justo la misma enfermedad (aún cuando nuestra policía, mandos medios, altos mandos y gobernantes son todos ellos, independientemente del color de la piel y otros rasgos físicos, mestizos)?

Lo que debía preocupar, indignar y mover a la acción a ciudadanía y autoridades es el hecho que hay niños de todas las edades y perfiles pidiendo limosna, trabajando y perdiendo su infancia en las calles, todo para sobrevivir.

Pero claro, lo más importante es no dejar que niños de buena apariencia estén en las calles, ¿cómo? Los demás, los de piel morena, los que provienen de algún pueblo indígena, son más fáciles de ignorar, pero cuando alguien de otro perfil racial se nos pone enfrente es menos fácil cerrar los ojos (leáse con total sarcasmo).

Que muchos no tenemos autoridad para hacer otra cosa que darle al menos comida o ropa o zapatos a esos niños, cierto, pero al menos eso deberíamos hacer y dejar de juzgar de un plumazo y sin la menor base a los padres de una niña que ni siquiera sabemos su historia familiar, procedencia, antecedentes (incluso en esas zonas existen la nada afortunada frase “güera/o de rancho”, niñas y niños que son rubios quizá porque en algún momento los genes de españoles, italianos y demás extranjeros que vivieron y viven ahí sigue presente y en la mezcla genética del lugar).

Ojalá dejáramos de ver según la apariencia y el color de la piel, como decía una canción, “be color blind, don’t be so shallow” (sé ciego al color de la piel, no seas tan superficial).

Y ojalá las autoridades usaran otro criterio para reaccionar que el rumor y lo que la masa dice en una red social para tomar medidas ante un caso así. De otra forma, seguirán haciendo los mismos ridículos de siempre.

Los engendros de la reforma educativa

La Reforma aplicará en kínder y los primeros 3 años de primaria.
Foto: Flickr / 
Foundation Escalera

En estos días hemos estado escuchando (a pesar de que la atención ha estado centrada en temas tanto relevantes, como la resolución del TEPJF sobre las elecciones, o menos importantes, como los Juegos Olímpicos) noticias variadas sobre la Reforma Integral de la Educación Básica.

Estos cambios, entre otros aspectos, incluirán el hecho que en primero y segundo año de primaria no habría alumnos reprobados, sino que se procurará pasar al niño al siguiente grado y, en situaciones especiales y sólo con la aprobación de los padres, se dejará al niño en el mismo que cursó si se considera necesario. Esto no se podrá hacer por segunda vez, es decir, si nuevamente el alumno o alumna en sus evaluaciones no demuestra que haya aprendido como para pasar al siguiente año, tendrá que repetirlo.

Este tipo de nuevas medidas ha causado preocupación en varios sectores, tanto padres de familia, empresarios, analistas, etc., considerando que si se aprueba a los niños y se les quiere dar atención especial en el siguiente año para que se pongan al corriente con los demás, quizá no sea posible que esto ocurra, arrastrando el alumno un retraso que quizá pueda afectarlo en el futuro, incluso al momento de escoger preparatoria o universidad.

Y como para comprobar los problemas que puede tener en la práctica estas nuevas reglas, llegó a mis oídos un caso que considero preocupante. Una persona que se enteró de la situación me contó el caso de una escuela de la cual tiene conocimiento, donde por un lado no se sigue un lineamiento y por otro la nueva regla impide darles solución a un problema en un salón de clases.

En la escuela, ubicada en la colonia Santa María La Ribera, a pesar de que en los lineamientos de educación primaria se establece que en cada grupo puede haber hasta 3 niños con problemas de desarrollo o capacidades diferentes, tienen un grupo de segundo grado con 11 niños (la mitad del grupo) en estas condiciones, en total violación de los lineamientos.

Además, de acuerdo a la fuente (quien prefirió el anonimato, pero está plenamente identificada por la autora de este blog y tiene conocimiento directo del caso), los padres de algunos de estos niños se niegan a que reciban atención, puesto que no creen que tengan alguna necesidad especial o, aún con un diagnóstico previo, no han sido llevados a tratamiento. Esto incluso aunque se les ha ofrecido ayuda gratuita en una clínica en la cual les dan atención y medicamentos.

Además, a causa de las nuevas reglas, los padres se negaron a que los niños repitieran el primer grado de primaria, aún cuando algunos de estos alumnos ni siquiera saben leer.

Esta situación provoca hasta el momento que no se atienda a los niños de forma adecuada, tanto por la profesora del salón, que, aún con todo su esfuerzo, se encuentra obviamente rebasada al contar con tantos niños en esta situación, como al no poder dárseles el diagnóstico y tratamiento que sin duda requieren niños con capacidades especiales.

Es de cuestionarse si las autoridades educativas desconocen el caso de cerca o simplemente han preferido que siga como está debido al posible conflicto que puede ocurrir con los padres. La pregunta es ¿qué les hará mejor a los niños a la larga? ¿A la sociedad que tendrá que encargarse de ellos para que tengan una vida plena? Es un caso delicado, sin duda, y puede haber situaciones especiales que quizá impidan que los padres lleven a los niños a donde puedan atenderlos y diagnosticarlos, pero habrá que preguntarse si las autoridades no deben ayudar en esos casos y no esperar a que todo se resuelva “por sí mismo”.

El SNTE, la CNTE, la SEP y el reparto de culpas

Foto: Flickr / Christos Tsoumplekas (Back again!)

Ustedes no están para saberlo pero odio las juntas escolares. Y es que muchas veces sucede lo que en muchas juntas: muchos rodeos para que en los 5 últimos minutos se llegue a la conclusión (lo que se va a pedir, lo que se necesita, el objetivo de la junta).

Pues hoy me tocó una de las juntas escolares más bizarras a las que he asistido. Para empezar, nos citan a la hora de entrada de la escuela de uno de mis hijos (9:00 a.m.) con calidad de urgente a “junta informativa” a las 11 a.m.

Yo tenía trabajo, no planeaba ir sino pedir informes después, pero resultó que liberé el trabajo antes de lo pensado y acudí a ver de qué se trataba.

Pues bien, nos recibe la directora de la escuela y nos dice que la Supervisión Escolar pidió con calidad de urgente que nos presentara “un DVD” con información sobre la postura de los profesores porque “no todos se niegan a la evaluación como dicen los medios”. Y porque ellos sí quieren trabajar y hacer las cosas “no como los de la CNTE”.

La maestra entonces nos pide a todos los papás que fuimos que “disculparan la premura” pero que era “necesario” y que “de hecho la Supervisión quería que los citara el sábado” (nótese el “favor” que nos hizo citándonos entre semana).

Entonces procede a mostrarnos un video que inicia con “todos los días se realiza un proeza en este país, la proeza de la educación” y a mostrar cómo la educación ya logró cobertura universal en el nivel primaria y se acerca a ello en nivel secundaria, entre otros logros de los educadores (por extensión, del sindicato).

Y así siguió el video, diciendo, con testimonios varios, que no había una oposición a la evaluación, sino a que se hiciera sin tomar en cuenta los demás factores que imperan en la educación, como el 52 por ciento de pobreza en México, la falta de presupuesto, que aunque se le da 5.7 del PIB en México, los países con los que nos comparamos en nivel educativo reciben eso y más, que el presupuesto se va en sueldos pero no sólo de profesores, sino de toda la cúpula burocrática de la Secretaría de Educación, lo que han hecho los profesores con pocos recursos, lo que ha hecho el Sindicato para autoevaluar a los maestros y abrirse a que los padres participen, en fin.

Después de 40 minutos de video nos dan un cuestionario (obligatorio) donde teníamos que escribir nuestros datos y luego contestar preguntas como “¿qué le parece la educación en México?”, “¿quién cree que tiene más responsabilidad en cómo se encuentra?”, etc, etc.

Aclaro, yo no estoy en contra del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, tampoco siquiera en contra de la CNTE a pesar de que diario nos receten en la televisión con el spot que afirma que “el SNTE no es lo mismo que la CNTE” y “nosotros sí trabajamos, ellos no”. Me parece que el problema de la educación es sistémico, que hay muchos actores en esto, que no hay un responsable únicamente y que ponerse en el papel de la víctima y los demás sectores de los victimarios no es buscar soluciones, es buscar culpables.

Bien dicen que para solucionar un problema lo primero es definirlo. Mis respetos para todos esos profesores que efectivamente tienen que trabajar en condiciones terribles, sin presupuesto, como mejor pueden, que aún así tienen vocación y quieren a los niños, se les reconoce, pero un diálogo no se logra cuando buscas culpables, sino cuando tratas de enfocarte en el problema que tienes enfrente y qué se necesita para resolverlo.

Aprovechar un problema para generar simpatías (quién sabe si con fines electorales) hacia cierto sector se me hace hipócrita. Sin embargo, a eso fuimos sometidos hoy. Afortunadamente algunos papás protestaron, en mi caso preferí no discutir algo que yo sé que en ese estado mental en el que estaba esa directora nunca lo entendería (porque tampoco tengo nada contra ella, incluso aunque también esté en el papel de sólo ver su punto de vista y no el problema frente a ella).

Ojalá nos pusiéramos (en todos los ámbitos, no sólo en el educativo) a buscar soluciones que sean plausibles, sin importarnos de qué bando es el otro, con qué sindicato está, si antes ha cooperado o no, cuánto puede aportar, sino respuestas YA. No puede ser que sigamos en el mismo pantano de problemas porque todos nos la pasamos culpando al otro de habernos hundido en él.

El domo

Foto: Flickr / Aloud..

Imaginen que hay una población que vive bajo un domo. Siempre ha vivido así, tienen suficientes recursos, productos y servicios (y aire, obviamente) para sobrevivir. Nunca han tenido necesidad de salir de ahí y, obviamente, aunque lo tuvieran, el domo se los impide, pero no es motivo de molestia o angustia.

Sin embargo, el domo, sin que ellos lo sepan, no deja pasar todos los espectros de luz, por lo cual viven bajo una eterna luz, digamos, de tono rojizo, que consideran normal.

De repente alguien del exterior del domo llega, se comienza a comunicar con ellos (por radio, con carteles, como quieran) y tras varias pláticas descubre que los habitantes del lugar sólo ven un color. El visitante les explica que hay varios espectros más y que se están perdiendo de presenciar diferentes maravillas por el domo, que quizá haya alguna forma de, si no de salir, corregir esa situación.

En un mundo “lógico”, ¿cuál cree que debería ser la reacción de esos habitantes? ¿Decir “interesante, probemos lo que dice el visitante”, “analizaremos lo que nos dicen y trataremos de comprobar su veracidad” o “fuera de aquí, intruso, tratas de arruinar nuestra maravillosa luz roja, la amamos y claro que no hay ninguna limitación en lo que vemos”?

Es curioso, pero esta metáfora a veces sucede en el mundo real cuando le presentas a alguien más no el que cambie totalmente su entorno (o su idea) por algo que tú estás experimentando (salir del domo), sino simplemente cuando le abres la posibilidad de que vea más allá, sin cambiar nada (tratar de ver los demás ya experimentamos y quizá le agrade lo que ve).

La reacción que muchos nos encontramos es “¿qué te ocurre, qué te pasa, por qué tratas de hacerme modificar mi opinión (o mi forma de vida), por qué vulneras mi libertad de expresión, mi libertad de elegir qué ver o qué creer?”. Lo único que siempre se me ocurre decir (o pensar, cuando sé que ni siquiera eso escucharán esas personas) es “increíble”.

Es interesante como la gente rápidamente se siente amenazada aunque quizá les estés diciendo solamente que exploren más allá de lo que ven en ese momento. Muy raro cómo les imposible intentar ver las cosas de otra forma a como siempre las han visto, cuestionarse un poco a sí mismos.

Tal como lo dice también Enrique Gánem, cuyo programa “El Explicador”, por desgracia, cancelaron pero que sigue transmitiéndose en podcast, no se trata de que le crean a él o a los científicos eminentes, sino de que uno mismo cuestione sus creencias, por qué x idea es o no real, o al menos fundamentada, por qué ha de dar por cierta la palabra de x persona sólo porque es “muy famoso” o “una autoridad en la materia” (las autoridades en la materia también pueden equivocarse).

En todas las épocas ha habido personas que cuestionan las ideas imperantes, desde la tierra plana, continuando con que era el centro del sistema solar y otras. Yo me pregunto si no hemos aprendido nada desde entonces. Si al dejar el conocimiento o las ideas estáticas, al no cuestionarnos, al no ver la opinión del otro (y analizarla, buscar su posibilidad, su veracidad, su fundamento) no nos estamos perdiendo de ver otros espectros que nos podrían dar más luz para crearnos una opinión (la que queramos, pero al menos con más datos).

Así es la situación y así son las cosas. Aplica a todo, claro, hoy en día a la coyuntura política en México, pero sin duda hay quien todo lo ve así, estático, sin posibilidad de cambio y se instala en la comodidad de no cuestionar nada. Ojalá que les vaya bien.

Josefina Vázquez Mota y el falso feminismo

Foto: Flickr / Bea 2.0


Josefina Vázquez Mota ha tratado de aprovechar el hecho de que es la única mujer candidata a la Presidencia en esta contienda electoral para atraer votantes, sin embargo, en mi opinión sólo se ha centrado en cuestiones más bien “mujeristas” que realmente “feministas”.

Me explico. Coincido totalmente con estos dos artículos aparecidos en SinEmbargo.mx y en Pulso Ciudadano donde se analiza extensamente por qué Josefina Vázquez Mota (y la otra candidata relevante en el PAN, Isabel Miranda de Wallace) son mujeristas y no feministas.

En mi opinión, el equipo de la candidata del PAN a la Presidencia parece pensar que posicionándose como la candidata maternal y con faldas “pero con los pantalones bien puestos” va a ganar a las mujeres que votarán en  las elecciones del 1 de julio, pero se les olvida que al adoptar papeles tradicionalistas para las mujeres está excluyendo a todo un amplio rango de sus congéneres que no son ni madres ni se viven a sí mismas como mujeres tradicionales.

Por otro lado, al poner como su ventaja mayor el ser mujer (como si ser mujer implicara que será mejor que los candidatos hombres) está también retrocediendo en gran medida en la que es la lucha de muchas feministas (que no mujeristas) de pedir únicamente equidad en el trato, equidad al ser evaluada en un empleo, por ejemplo, al ser compensada de igual forma que a un hombre por trabajos similares y de pedir respeto a su condición humana y a sus derechos tal como le sucede a un hombre.

Cuando Vázquez Mota se pone a defender o implica que ser mujer es mejor que ser hombre cae en lo mismo que hacen los machistas que aducen que una “vieja” no sirve más que para estar en la cocina y en su casa, tener hijos y llevar su papel tradicional de “ama de casa”. Pero ella lo hace al revés, ser mujer ya es suficiente para que la consideren, sin tomar en cuenta sus logros reales, medibles y cuantificables en su carrera política, sus propuestas para la Presidencia y su claridad mental y de actuar, que debería ser lo más importante, no si por accidente genético es mujer y no hombre.

Igualmente, cuando se pone en el papel de la mujer que como una madre cuidará a la sociedad mexicana al igual que cuida a su familia se le olvida que muchas mujeres han luchado por años para precisamente erradicar la idea que el ÚNICO papel digno que puede hacer una mujer en el mundo es ser madre, que es su destino y que para algunos no puede siquiera elegir cuándo (si es que alguna vez) y con qué frecuencia tendrá este rol.

En definitiva, y eso sólo cubriendo lo más sonado sobre el tema que ha dicho la candidata, a mi parecer, a las mujeres realmente femenistas y no “mujeristas” como la candidata poco podría atraerles su candidatura. A mí, por ejemplo, dénme mujeres fuertes, como una Hillary Clinton, una Ángela Merkel, una Dilma Rousseff (no una “Chepina,  mamá de los pollitos”) que reivindiquen que las mujeres podemos tener papeles relevantes en la sociedad de acuerdo a nuestras capacidades.

Ni siquiera me meto en temas polémicos como el aborto y la contracepción en todas sus variantes, incluyendo la de emergencia, y si las candidatas mujeres (en todo el país) deberían estar a favor o en contra. Simplemente pido que los candidatos no se queden en la superficialidad de los temas y en su torrecita de cristal y revisen qué situaciones viven todos sus votantes, en este caso, ese 50 por ciento de la población que vive muy diferentes realidades de acuerdo a la zona del país donde están.