De niñas pobres rubias y racismo

Hace semanas corre por Facebook principalmente la foto de una niña rubia de ojos claros (verdes, al parecer) con un texto del más asqueroso racismo que he visto en mucho tiempo.

Resulta que al “buen samaritano” que tomó la foto le pareció “raro” que una niña rubia y de ojos claros estuviera pidiendo limosna en un crucero de Guadalajara. También añadía este mismo personaje que los padres no eran para nada parecidos a la niña (genial su científica evidencia, claro) y que quizá era trata de menores.

Tan sonado fue el caso que llegó a los medios nacionales e incluso internacionales y a nuestras eficientes autoridades, quienes procedieron a (adivinen) ir por la niña, la madre, meter a ésta a la cárcel dos días e interrogarla (con qué pruebas reales, quién sabe) y meter a la niña a un orfanato (presuntamente por explotación de menores, por ponerla a pedir limosna, pero yo dudo mucho que ésa fuera la motivación real.

Me pregunto, ¿cuán hipócritas somos en este país? ¿Cuánto tiempo más negaremos que el racismo es una cosa real, presente en nuestras expresiones diarias y en nuestras acciones? ¿Que las autoridades padecen justo la misma enfermedad (aún cuando nuestra policía, mandos medios, altos mandos y gobernantes son todos ellos, independientemente del color de la piel y otros rasgos físicos, mestizos)?

Lo que debía preocupar, indignar y mover a la acción a ciudadanía y autoridades es el hecho que hay niños de todas las edades y perfiles pidiendo limosna, trabajando y perdiendo su infancia en las calles, todo para sobrevivir.

Pero claro, lo más importante es no dejar que niños de buena apariencia estén en las calles, ¿cómo? Los demás, los de piel morena, los que provienen de algún pueblo indígena, son más fáciles de ignorar, pero cuando alguien de otro perfil racial se nos pone enfrente es menos fácil cerrar los ojos (leáse con total sarcasmo).

Que muchos no tenemos autoridad para hacer otra cosa que darle al menos comida o ropa o zapatos a esos niños, cierto, pero al menos eso deberíamos hacer y dejar de juzgar de un plumazo y sin la menor base a los padres de una niña que ni siquiera sabemos su historia familiar, procedencia, antecedentes (incluso en esas zonas existen la nada afortunada frase “güera/o de rancho”, niñas y niños que son rubios quizá porque en algún momento los genes de españoles, italianos y demás extranjeros que vivieron y viven ahí sigue presente y en la mezcla genética del lugar).

Ojalá dejáramos de ver según la apariencia y el color de la piel, como decía una canción, “be color blind, don’t be so shallow” (sé ciego al color de la piel, no seas tan superficial).

Y ojalá las autoridades usaran otro criterio para reaccionar que el rumor y lo que la masa dice en una red social para tomar medidas ante un caso así. De otra forma, seguirán haciendo los mismos ridículos de siempre.

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El domo

Foto: Flickr / Aloud..

Imaginen que hay una población que vive bajo un domo. Siempre ha vivido así, tienen suficientes recursos, productos y servicios (y aire, obviamente) para sobrevivir. Nunca han tenido necesidad de salir de ahí y, obviamente, aunque lo tuvieran, el domo se los impide, pero no es motivo de molestia o angustia.

Sin embargo, el domo, sin que ellos lo sepan, no deja pasar todos los espectros de luz, por lo cual viven bajo una eterna luz, digamos, de tono rojizo, que consideran normal.

De repente alguien del exterior del domo llega, se comienza a comunicar con ellos (por radio, con carteles, como quieran) y tras varias pláticas descubre que los habitantes del lugar sólo ven un color. El visitante les explica que hay varios espectros más y que se están perdiendo de presenciar diferentes maravillas por el domo, que quizá haya alguna forma de, si no de salir, corregir esa situación.

En un mundo “lógico”, ¿cuál cree que debería ser la reacción de esos habitantes? ¿Decir “interesante, probemos lo que dice el visitante”, “analizaremos lo que nos dicen y trataremos de comprobar su veracidad” o “fuera de aquí, intruso, tratas de arruinar nuestra maravillosa luz roja, la amamos y claro que no hay ninguna limitación en lo que vemos”?

Es curioso, pero esta metáfora a veces sucede en el mundo real cuando le presentas a alguien más no el que cambie totalmente su entorno (o su idea) por algo que tú estás experimentando (salir del domo), sino simplemente cuando le abres la posibilidad de que vea más allá, sin cambiar nada (tratar de ver los demás ya experimentamos y quizá le agrade lo que ve).

La reacción que muchos nos encontramos es “¿qué te ocurre, qué te pasa, por qué tratas de hacerme modificar mi opinión (o mi forma de vida), por qué vulneras mi libertad de expresión, mi libertad de elegir qué ver o qué creer?”. Lo único que siempre se me ocurre decir (o pensar, cuando sé que ni siquiera eso escucharán esas personas) es “increíble”.

Es interesante como la gente rápidamente se siente amenazada aunque quizá les estés diciendo solamente que exploren más allá de lo que ven en ese momento. Muy raro cómo les imposible intentar ver las cosas de otra forma a como siempre las han visto, cuestionarse un poco a sí mismos.

Tal como lo dice también Enrique Gánem, cuyo programa “El Explicador”, por desgracia, cancelaron pero que sigue transmitiéndose en podcast, no se trata de que le crean a él o a los científicos eminentes, sino de que uno mismo cuestione sus creencias, por qué x idea es o no real, o al menos fundamentada, por qué ha de dar por cierta la palabra de x persona sólo porque es “muy famoso” o “una autoridad en la materia” (las autoridades en la materia también pueden equivocarse).

En todas las épocas ha habido personas que cuestionan las ideas imperantes, desde la tierra plana, continuando con que era el centro del sistema solar y otras. Yo me pregunto si no hemos aprendido nada desde entonces. Si al dejar el conocimiento o las ideas estáticas, al no cuestionarnos, al no ver la opinión del otro (y analizarla, buscar su posibilidad, su veracidad, su fundamento) no nos estamos perdiendo de ver otros espectros que nos podrían dar más luz para crearnos una opinión (la que queramos, pero al menos con más datos).

Así es la situación y así son las cosas. Aplica a todo, claro, hoy en día a la coyuntura política en México, pero sin duda hay quien todo lo ve así, estático, sin posibilidad de cambio y se instala en la comodidad de no cuestionar nada. Ojalá que les vaya bien.

Naturaleza humana

Compruebo nuevamente que es me es difícil entender la naturaleza humana (incluyendo muchas veces la mía).

Es complicado captar, por ejemplo, el por qué de las reacciones de la gente a ciertas situaciones.

Tenemos el caso del ataque gratuito. Ése que te toca cuando a una persona imbécil le ocurre algo desagradable, se siente mal por algo o simplemente se le antoja. Tú te te cruzas por su camino por casualidad y su facilidad para la idiotez hace el resto: insultos gratis, malos modos, discriminación, violencia psicológica, todo puede pasar.

¿Qué les da derecho a sacar su frustración con la primera persona que encuentran? ¿Qué hace uno si prefiere la paz al conflicto? ¿O ya de plano todos le entramos a los trancazos y respondemos con la mayor malditez posible?

Otro caso, el insulto velado. Algo no le gusta a alguien más de tu persona (con o sin motivo). En lugar de analizar si tu frustración es justificada y ya sea actuar con madurez y olvidarlo si estás mal o resolverlo directamente si tienes razón, aprovechas cuanta oportunidad se presente para la burla o el sarcasmo velado.

¿Qué le pasa a esta gente? ¿Quién murió y les dejó el puesto de los que pueden ir rebajando a todos? Maldita la madre que los parió, dirían los españoles.

Y luego vienen los sinceros bienintencionados. Creo que de vez en cuando hay situaciones en las que hay que decir las cosas directamente, sobre todo si hay un problema que sólo de esa forma puede solucionarse. Pero no es necesario aderezar eso que se está diciendo, que probablemente no sea agradable para el receptor de esas palabras, con fracesitas como “todos ya lo vimos/notamos”, “fulanito ya me lo dijo en varias ocasiones”, “todos piensan lo mismo”.

Por mucha buena intención que tengas, estas fórmulas sólo provocan mayor malestar interior (tristeza, vergüenza, coraje) en quien ya está escuchando algo desagradable, incluso aunque esté intentando ser ecuánime. Por ahí he escuchado las palabras “rudeza innecesaria” y vaya que son ciertas. Esa persona que está recibiendo las malas noticias o la verdad desagradable mañana podrías ser tú, ¿cómo quieres ser tratado? Es para pensarlo.

Quizá soy muy ingenua de esperar ya no que te traten bien, al menos que no te agredan, pero no veo de qué modo este mundo que parece ir de mal en peor puede mejorar si es que cada uno no hace el esfuerzo de no sacar sus frustraciones con personas no relacionadas y tratar de al menos no maltratar a quien no tiene nada que ver con tus problemas o de no aplicar rudeza innecesaria cuando debes resolver un problema con alguien.

Muere poco a poco el Metro

Les parecerá dramático el título de mi post, pero es una verdad que todos los usuarios de este sistema de transporte estamos viviendo en el Distrito Federal.

Hoy un usuario vivió una de esos momentos en que es notorio que las autoridades parecen estarle poniendo más inversión a las autopistas internas y el Metrobús, así como otros sistemas de transporte que un sistema que ha beneficiado a millones (sus estadísticas lo dicen, no yo): el Metro.

Un testigo directo del hecho (que me mandará fotos en cuanto pueda descargarlas) hoy martes entre 10 y 11 de la mañana cuenta que el metro se detuvo más de una hora en el andén.

Tras mucha desesperación y gente de plano saliéndose por las ventanas, un convoy tuvo que empujar al parado hasta la siguiente estación, Mixcoac.

Ante las quejas de los usuarios los mismos trabajadores del metro pidieron que se quejaran (de ahí este post) porque la falta de mantenimiento era la que estaba causando este tipo de situaciones.

No entiendo por qué están dejando morir a este sistema de transporte. ¿Sólo aquellos costosos y de relumbrón merecen atención? ¿Sólo en los que pueden cobrar cuotas por uso (como las “autopistas internas”)? ¿De qué se trata? ¿No que el gobierno actual “ve sólo por el pueblo”? No lo creo, de verdad, cuando un transporte que usan en gran parte personas de bajos recursos está siendo tan descuidado.

Ojalá se dejaran de pretextos y de respuestas vagas ante lo que obviamente es una gran necesidad de la ciudad, porque este tipo de cosas ya son extremas.

Decisiones absurdas

Soy usuaria del transporte público de esta ciudad. Lo abordo diariamente y puedo decir, además, que lo hago en condiciones difíciles. Primero, tengo que transportar diariamente a 2 niños menores de 7 años una distancia respetable (de Avenida Revolución a una zona cercana a la línea azul, a la altura más o menos de Chabacano).

Así que por eso me cuesta mucho trabajo entender y de hecho quisiera que alguien me explicara por qué Marcelo Ebrard (el actual Jefe de Gobierno del DF) y sus predecesores (Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo) se han dedicado a hacer segundos pisos, autopistas internas, una línea del Metrobús más, otra línea del Metro y no a mejorar el transporte público que ya existe y que usan actualmente millones de personas.

Conozco varios de los transportes colectivos de esta ciudad, Metro, Metrobús, autobuses urbanos. En todos ellos existe una saturación impresionante, fallas mecánicas de no creerse y totales desventajas para gente que tenga algún tipo de dificultad al transportarse (personas de la tercera edad, personas con capacidades diferentes, embarazadas y niños).

De esto último tampoco le echo la culpa completa al Gobierno del DF, que no refuerza de ninguna forma el que quienes necesiten asiento y mayor seguridad cuenten con ella. La otra mitad de la culpa la tiene el total egoísmo que muchas personas que no tienen ninguna desventaja muestran al usar el transporte (y, aunque parezca extraño, no hablo de los hombres, sino muchas veces de lo que pasa en las áreas de mujeres).

Tenemos el caso de hoy: íbamos dos mujeres paradas, con niños en brazos, y solamente cuando una señora de edad avanzada bajó en su estación pudo una de nosotras sentarse (las más cercana a ese asiento). Mi hijo se durmió en mis brazos y nada, nadie de las otras mujeres menores de 60 años que teníamos alrededor me cedió el asiento, por supuesto. Me pude sentar cuando la primera señora con niño ya bajaba y me llamó.

Unos minutos después subió otra señora con un bebé muy pequeño en brazos, por lo que no tenía siquiera una mano libre para sujetarse. Pidió directamente que le cedieran el lugar y la mujer más cercana a ella (también, menor de 60, sin ninguna discapacidad) no le quiso ceder el lugar porque iba “muy cansada” y “de estación a estación”. Afortunadamente yo ya me bajaba en la siguiente parada y le di el lugar.

Esta es una de las consecuencias, por supuesto, de la mucha demanda y la poca oferta de transporte que aún existe. En el futuro se puede pensar que estas obras ayudarán a mejorar las cosas pero ¿no se puede al mismo tiempo hacer algo con lo que ya está en crisis?

Por poner algunos ejemplos, ¿por qué no añaden más trenes en el Metro? ¿Por qué no reparan las fallas en las líneas que causan constantes paradas, apagones, retrasos? ¿Por qué no se agregan más autobuses en las líneas ya existentes de Metrobús? ¿Por qué no hacer corredores de transporte público, en las vialidades que cuenten con varios carriles para poder dedicarle uno a autobuses, otro quizá a transportes como tranvías y de otros tipo, etc., mejorando la flota que ya existe y aún funciona, retirando la que no y no como ahora, que los autobuses urbanos parecen ser dueños de la calle, sin orden, generando tráfico y problemas realmente impresionantes?

¿Es que no pueden con estos problemas? ¿O es que con las obras pueden disimular mejor la salida de dinero de las arcas públicas? Todos los días me lo pregunto cuando tengo que pasar ésta y otras situaciones como la que antes contaba y que sé que muchas otras personas más pasan. Se me hace un total desequilibrio dedicarse sólo a obras nuevas y olvidarse de lo demás, no importando que lo que ya existe colapse.

¿Cómo es el México que quiero?

Hoy en Twitter varios tuiteros comenzaron a utilizar el hashtag (etiqueta para un tema) #Mexicoquequiero, luego de la propuesta de León Krauze, locutor de la segunda emisión del noticiero “Hoy por Hoy” en W Radio, como para expresar que hay muchas situaciones de este país que podrían, definitivamente, mejorarse. Las propuestas son muchas, como podrán ver:

También hay quien se burla de este tipo de reflexiones colectivas, sin embargo, creo que lo bueno de hablar de estos temas es que nos pone a pensar realmente qué queremos en el México que vivimos hoy, que viven y vivirán nuestros hijos cuando ya no estemos, ¿qué queremos ser como país?

En mi caso, aparte de reflexionar, me parece que hay que pensar en acciones para lograr ese México que quiero. No se puede pedir que las cosas cambien si uno no comienza, aunque suena a cliché, con la persona en el espejo.

Por ejemplo, si en el México que quiero deseo respeto de parte de las personas con las que convivo diariamente, directa o indirectamente, entonces ofrezco respeto a las personas con las que comparto cualquier cosa (vecinos, conocidos, personas con las que hago una transacción desde comprarle el periódico hasta la cajera o cajero que me atienden en el súper, el conductor que circula junto a mí en una avenida, el chofer del autobús que me lleva de un lado a otro, etc.). Respeto en la forma de hablarles con amabilidad, no hacer ruido como si no tuviera a nadie alrededor, cuidar lo que hacen mis mascotas, evitar que, voluntaria o involuntariamente, mis hijos de alguna forma dañen lo que pertenece a otros, ayudar si me es posible en la limpieza de los espacios comunes, escuchar su opinión sin tratar de cambiarlos, expresar lo que pienso sin menospreciar, no discriminar por género, edad, educación o situación social.

Si quiero un México en que las personas tengan una mejor cultura, que sepan de su historia, que no difundan rumores y mentiras, ¿por qué no comienzo por aprender yo mismo, por investigar, por retar y tratar de comprobar qué tan ciertas son mis creencias, aún las más pequeñas, aún esa información que ‘nos llega’ y damos por hecho, por ser curioso y no dejar que esas ganas de saber que tenemos desde que nacemos se pierdan? Sería, obviamente, una ganancia personal, pero también para la gente que me rodea.

¿Por qué, si quiero un México limpio, no comienzo por hacer lo que pareciera obvio: no tirar basura, no regar las plantas con agua potable, separar lo orgánico de lo inorgánico, aprender incluso -si tengo jardín- a hacer composta, verdaderamente tener el automóvil en las mejores condiciones para no contaminar?

Si quiero un México sin corrupción, hacer lo imposible para evitar darle mordida al elemento de Tránsito que nos detiene con la obvia intención de obtener ‘para su chesco’, a los que nos piden dinero para realizar un trámite, al “coyote” que nos dice que agilizará el proceso burocrático si lo dejamos en sus manos y le pagamos x cantidad, etc.

No digo que sea sencillo, todas estas cuestiones sí requieren esfuerzo, requieren estar conscientes de lo que estamos haciendo día con día, requiere desde apagar la televisión con la ‘taranovela’ para mejor tratar de leer algo que nos ilustre hasta, si nos pasamos el alto o incluso sin haberlo hecho, digamos “deme mi infracción”, en fin, es una cuestión de mucha voluntad y fuerza de carácter. Habrá momentos que será muy difícil, que se nos pasará, que cederemos a la tentación, pero ¿qué tal tratar de hacerlo 8 de cada 10 veces? ¿7 de cada 10?

Creo que no podemos poner siempre la responsabilidad del cambio en manos de alguien más, no podemos comportarnos de la misma forma que aborrecemos porque ‘todos lo hacen, mi esfuerzo no sirve de nada’. ¡Claro que sirve! Sirve para uno mismo, para saber que al menos se es congruente con lo que se piensa. Sirve mucho más aún si guiamos a alguien más, si tenemos a alguien a quien influir: amigos, hijos, vecinos, conocidos, familiares.

Esto es una reflexión totalmente personal, habrá quien sienta que hay otro tipo de cosas mejores que tratar de lograr individualmente que las cosas cambien. Sin embargo, entre más personas nos demos cuenta que nuestras pequeñas acciones podrían unirse para lograr un fin colectivo, el país que queremos ser irá materializando. Quizá no viva para verlo, pero no por eso voy a dejar de luchar para que suceda.

P.D. Los tweets que ven en este post fueron tomados aleatoriamente de una búsqueda hecha en http://search.twitter.com.

Desempleo y autoempleo

De todo habrá en este post, como el título lo dice. Empezando por este problema (el desempleo) que yo creo que todos los que llevamos un tiempo en el mundo laboral hemos experimentado alguna vez (ya sea personalmente o en nuestra familia).

Toda una serie de factores son los que influyen en que en México haya 2.3 millones de desempleados. Y esa cantidad se refiere sólo a los que cuentan como desempleados las estadísticas, puesto que 3.4 millones de personas están subempleadas -trabajando menos de 8 horas, por ejemplo- y 12.1 millones de personas están en la economía informal.

Entre estos factores comenzamos con la educación, la cual carece de un verdadero plan estratégico nacional que produzca personas que sean necesarias en la economía, mucho menos que sean competitivas a nivel mundial, y, por lo tanto, no disminuye la cantidad de gente que busca un trabajo y no lo encuentra porque ya hay muchos profesionistas con el mismo nivel de habilidades en su misma área.

También está la falta de desarrollo real de la economía, puesto que en esto tampoco existe una estrategia nacional. La explotación de recursos nacionales se hace sin dirección, sin un sentido, sin incentivos reales, existen empresas que por su tamaño y poder establecen las reglas en el mercado y el gobierno sólo extiende la mano para los impuestos que presuntamente destinará a mejores servicios para los mexicanos, pero realmente no es muy transparente dónde termina el dinero que todos pagamos en impuestos. Si a esto se agrega la crisis económica mundial, la situación es peor.

Y a esto se añade que los que encuentran empleos cada vez tienen menores beneficios de trabajar para alguien más. De un tiempo a la fecha (al menos en mi experiencia y de amigos y conocidos) es difícil encontrar un trabajo que ofrezca prestaciones, un contrato de al menos un año, cierta permanencia. Hoy en día lo que puede uno encontrar es trabajo como subcontratado, donde te imponen todo tipo de condiciones como trabajar más de 8 horas, como es más sano y productivo, y más bien estar 12, 14, 16 horas trabajando, el resto transportándose y durmiendo.

Y finalmente, y por esta razón, es que muchos están optando por el autoempleo. Poner un pequeño negocio o una consultoría que sirva como sostén familiar en lugar de trabajar en jornadas extenuantes y dejándole todas las ganancias al empleador (por ejemplo, empleadores que cobran en dólares y pagan en pesos) es mucho más atractivo para las personas que se han enfrentado a estas situaciones.

Pasar la voz entre amigos, conocidos y contactos en general para poder generarse un ingreso es una tendencia que he notado más y más, sobre todo ante este escenario económico, ¿qué más puede uno hacer?

En mi caso, actualmente tanto mi marido como yo estamos optando por esta forma de autoempleo. Así que por el momento trabajo en línea como asesora de Internet (actividad que afortunadamente ya tenía antes de que ocurriera el recorte de personal en la empresa que estaba mi marido) y además estoy ofreciendo mis servicios como redactora y editora de manuales, puesto que me he especializado en estos aspectos de mi carrera de Ciencias de la Comunicación.

Actualmente estoy elaborando un manual de audio y también ofreciendo servicios como traductora (puesto que afortunadamente durante mis estudios y por trabajo he logrado un nivel avanzado en la escritura y lectura del inglés).

Mi marido está tanto ayudándome con los aspectos técnicos de los manuales (puesto que tiene Maestría en Microelectrónica), además de buscar por su cuenta crear una consultoría en la que aplique sus habilidades (al momento está desarrollando poco a poco una página de Internet en la que pueda ofrecer estos servicios).

Desgraciada (o agraciadamente, si nos va bien en esta forma de trabajar) parece que ésta es una de las opciones más viables hasta que pueda encontrar él un trabajo más ‘formal’ y en buenas condiciones (en caso de que lo encuentre). Sin embargo, la cuestión es que desgraciadamente no parece haber el más mínimo esfuerzo por intentar al menos corregir estas situaciones.

Hay muchos intereses de por medio, por ejemplo, lo que quieren los altos mandos del Sindicato de Maestros en México, que es más bien mantener su situación de poder, no realizar una verdadera evaluación de las habilidades de sus profesores y usar los recursos que se les dan para capacitarlos (no para que Elba Esther Gordillo se haga más poderosa).

También, las empresas no están dispuestas a dejar de ejercer un poder sin regulación y quieren todos los privilegios, imponer sus condiciones a los empleados, pero ofrecer casi nada aparte de un sueldo a cambio.

¿Cuándo sucederá este cambio? Pues a menos que todos los mexicanos nos uniéramos para exigir que se cambien estas evidentes injusticias, no creo que pronto.