Buscando a Étni Valeria Mejía Valdez

Aunque muchas veces se tilde a Twitter de un ser un servicio donde impera la frivolidad, algunas veces puede tener buenos usos.

En este caso, buscar a una persona desaparecida. Ayer por la noche, en Twitter, me contactó @mickeyvirul (Lilia García Roldán), pidiéndome ayuda para correr la voz sobre una persona desaparecida.

De acuerdo a Lilia, una conocida suya está desaparecida desde el pasado 18 de octubre de 2010 en el municipio de Huehuetoca, Estado de México.

La joven de 16 años, Étni Valeria Mejía Valdez, no ha sido vista desde entonces. Se perdió en las cercanías a la casa de su padre, es decir, en la zona de la Calle Codorniz Manzana 5, Lote 32 fracc, de la colonia Santa Teresa IV.

Según nos describieron, Valeria mide un metro 62, es delgada, de tez blanca, cejas semipobladas, cara ovalada, nariz recta, frente mediana, labios delgados y ojos cafés grandes.

Su foto la pueden ver en este post y en YFrog: http://yfrog.com/gz1ndwwj.

En caso de saber algo de ella nos dejaron los teléfonos de contacto de la AMNRDAC (Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos): 56 74 79 02 y 30 95 68 29.

Ojalá puedan compartir este post y en caso de verla contactar a la Asociación. Después de todo la única forma de ayudar con las desapariciones que muchas veces las autoridades no saben o no pueden resolver es ayudándonos todos.

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Recomendaciones a marcas mexicanas en Twitter y Facebook

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Debido a mi trabajo me toca monitorear y leer lo que publican diversas marcas mexicanas en varias redes y sitios, pero principalmente en 2 redes sociales que han cobrado mucha relevancia en estos tiempos, Twitter y Facebook.

También, por afición, sigo con mis cuentas personales a las   marcas mexicanas que descubro que comienzan a tener presencia en redes sociales.

A causa de esto he notado que algunas marcas, ante el desconocimiento de qué es esto de la comunicación online, tienen algunas “estrategias” que a mi parecer son erróneas.

A continuación enlisto algunas de las cosas que he visto hacer a marcas y que me parece que no son adecuadas:

* Utilizar la cuenta corporativa para jugar en Farmville, Cityville, Café World… y mandarles invitación a jugar/recibir/enviar regalos a sus seguidores: Una cuenta corporativa debería, a mi parecer, servir como puente entre los usuarios y la estructura interna de la empresa, no para actuar como un usuario privado que utiliza algunas (o todas) las aplicaciones de juegos que encuentra. Eso le resta seriedad a su objetivo y de verdad que se me hace de mal gusto.

* Utilizar la cuenta corporativa para responder tests, publicar “tu horóscopo diario”, responder “entrevistas” tipo chismógrafo, etc. Las razones son las mismas que las de arriba.

* Publicar con la cuenta corporativa frases filosóficas, motivadoras, de superación personal… que no tengan nada que ver con la marca. Si eres una marca cuyo objetivo es de alguna manera motivar o ayudar a tu público, creo que se vale, pero si eres un banco, una compañía de cable, una consultoría, ¿qué tienes que hacer diciendo “Recibo lo bueno que me manda el universo” y cosas así? Es pregunta.

* Publicar el saludo inicial al abrir la cuenta… y luego desaparecer por larguísimas temporadas. De verdad, no sólo se trata de abrir una cuenta en redes sociales, se tiene que planear el objetivo, las estrategias y qué de bueno le vas a aportar a las personas que tienen la generosidad de seguirte. Te están dando parte de su tiempo, así que ¡piensa en un contenido o algo valioso que darles!

* Publicar cada cinco minutos lo que sea que te pase por la cabeza. Igual que el caso anterior, también implica una falta de estrategia, aunque sea una básica. No se trata de poner lo primero que te pase por la cabeza, que si pasó la mosca, no, sino que cada actualización o tuit valgan la pena.

* Sólo permitir que se dirijan a ti con cosas positivas para tu marca. Si vas a hacer eso, de verdad, mejor no abras ninguna cuenta en redes sociales. Ya no estamos en el mundo vertical de antes, donde tú mandabas contenido y tu público lo consumía. Ahora debes de prepararte para escuchar a tus usuarios, desde elogios hasta los reclamos más duros y para cada cosa debes tener un plan general de cómo responderás. Eso de borrar los mensajes que no te favorezcan sólo hace daño a tu marca a la larga.

* Poner a alguien tan poco experimentado a atender tus cuentas que a la primera crisis… todo se derrumba. ¿Necesito decir más?

* Escribir “komo ztaz”, “hola!!!!!!!!!”, “que tenjan un ermozo dia”, “LOL”, “OMG!”, “LMAO” y con demás evidentes faltas de ortografía y redacción (sea por moda o porque tu ortografía es bastante deficiente). En mi opinión, a menos que se tratara de una marca absolutamente informal y juguetona (y hasta en esas creo que se puede ser juguetón e informal sin destrozar el lenguaje) expresarte en forma correcta en tu idioma es una de tus cartas de presentación, además que la ortografía tiene un objetivo, no es lo mismo escribir “pérdida” que… otras palabras. ¿No es verdad?

UPDATE: Otras malas prácticas que han visto conocidos míos las pongo a continuación:

* Compartir/escribir con tu cuenta corporativa sobre religión, política u otros temas polémicos. La excepción a esto es, claro, que tu cuenta sea de un medio que tenga que ver con política, religión o cualquier tema polémico. Pero si eres una cadena de salas de cine (sí, es un caso real), ¿qué haces hablando de política, por ejemplo?

* Equivocarte entre tu cuenta personal y la cuenta corporativa y decir, ejem, cosas como ésta (la cual pongo porque fue ampliamente conocida, los demás casos no porque tampoco creo que sea muy ético mencionar nombres si no ha sido notado aún por una amplia masa de usuarios).

Trabajar en redes sociales no es pura diversión

Muchas personas (incluyendo empresarios) tienen la percepción de que el trabajo en redes sociales en el más sencillo del mundo, que uno vive divirtiéndose en Twitter y Facebook.

Sin embargo, aunque existen sin duda tareas gratificantes y divertidas para quien trabaja en estas áreas recientes de la comunicación, el trabajo diario implica “picar piedra”.

A muy grandes rasgos, les describiré lo que puede hacer alguien que trabaje en redes sociales, desde mi muy particular experiencia como Community Manager.

El trabajo de un Community Manager idealmente debe comenzar antes de que siquiera realice el primer mensaje en alguna red social o blog.

Planear qué objetivos de comunicación se buscan en determinada empresa y cómo se llevarán a cabo es fundamental para el manejo de la presencia de ésta en redes sociales, de otra forma sin un objetivo uno se convierte en el capitán de un barco que no tiene un destino.

Además, debe entender cuál es la estructura de la empresa, quién es la competencia de la empresa, qué posibles retos y oportunidades tiene como marca y en qué forma se va a manejar una crisis (cuál será el primer paso, con quién de la estructura organizacional se comunicará el Community Manager y qué responder y qué no en caso de usuarios enojados o conflictivos).

En el trabajo diario se maneja no sólo la comunicación con los encargados de cada área y los mensajes directos a la marca, sino también las menciones indirectas y hasta lo que se dice de la industria en la que está la empresa.

Esto requiere, por supuesto, monitorear constantemente diversas fuentes de información, sin contar con la obvia medición de resultados, que implica usar distintas herramientas para llevar una estadística de cuáles son los logros de la marca respecto a los objetivos que se establecieron.

No es cualquier cosa ni tampoco es un trabajo en el que te la pasas “tuiteando” y “jugando en Facebook” (de hecho es muy poco profesional ponerse a jugar con las aplicaciones de juegos que existen en Facebook con la cuenta corporativa) como muchos creen. Requieren de una persona con conocimiento de comunicación, manejo de ciertas herramientas, como estadísticas, por ejemplo, comprensión profunda de la marca y a qué tipo de público se dirige uno, entre una variedad de habilidades que no se ven, pero que finalmente, si se utilizan bien, traen resultados positivos para la marca que representan.

La “viralidad” es difícil de fingir

Hoy en día, con conceptos como Internet, medios sociales, comunidad y redes sociales cada vez más conocidos, es posible presenciar casos de fama prácticamente instantánea provocada por el fenómeno de la viralidad.

Convertir un contenido en viral de forma positiva es algo de lo que cualquier mercadólogo o comunicador digital quisiera tener la fórmula, sin embargo, esto no es tan sencillo.

El caso de Ted Williams, el hombre sin hogar que se volvió un fenómeno con su voz, puede ilustrar muy bien qué puede suceder cuando algo se convierte en viral y trae buenas consecuencias para sus protagonistas.

Analizando muy empíricamente y desde mi limitada experiencia lo que ocurrió con este hombre, creo que se conjuntaron varios factores.
En primer lugar, el video del hombre apeló a lo que nos une como seres humanos: la emociones, lo auténtico, lo extraordinario.

El caso de un hombre con un talento, con una serie de problemas en su vida, buscando redención, era demasiado para dejarlo pasar.
Igualmente, para que algo llame la atención debe de estar a la vista de suficientes ojos. No es lo mismo que el video lo subiera el periodista que lo grabó, del periódico The Columbus Dispatch, al sitio del medio, que lo que ocurrió cuando una persona no relacionada decidió ponerlo en YouTube.

En esto hay una observación de un hecho que muchos medios quizá deberían tomar en cuenta: aunque el objetivo sea atraer a lectores a tu medio, un buen contenido en un sitio de alto tráfico, con ligas a tu sitio oficial, es mejor que tener la esperanza que algo despegará si lo pones en un lugar con sólo tráfico local.

El periódico en todo caso debió aprovechar su canal en YouTube (que lo tiene) y enfatizar que había (y seguiría generándose) más contenido sobre el hombre. Querer concentrar a todos hacia su medio no fue lo más acertado, como incluso el periodista lo admitió: el lunes subió el video y no pasó mucho, el marte en la mañana alguien le llamó y le dijo “esto está a punto de convertirse en viral”, lo subió a YouTube y para el martes en la tarde las vistas subían como la espuma.

En tercer lugar, ocurrió el efecto bola de nieve: una vez que un contenido prueba apelar a las emociones y es fácil de compartir, no es difícil (aunque claro, no siempre pasa) que se vuelva viral.

Finalmente, en este tipo de situaciones que se están dando hoy en día (ya presenciamos el caso de Susan Boyle) también hay que tomar en cuenta lo que puede suceder con sus protagonistas.

Susan Boyle tuvo un momento en que la fama fue demasiado para ella. Ted Williams es un drogadicto y alcohólico en recuperación (dos años sobrio, según manifestó) pero esta frágil condición podría cambiar si se piensa que el lunes pasado era un hombre sin hogar, viviendo en un refugio, para el martes en la tarde era famoso y ya este viernes está grabando comerciales para Kraft (su voz es la del final del video):

Tal como lo dijo en un artículo en CNN uno de los locutores de radio que hizo la primera entrevista en este medio a Williams, Dave Kaelin:

Esto no ha pasado antes. Hace 72 horas este hombre estaba de pie (pidiendo dinero) en una esquina.

Esperemos, que como dice el artículo de CNN, haya un sistema de apoyo para el hombre “con la voz de oro” como ya lo llaman, que le impida recaer o no saber aprovechar esta segunda oportunidad que le da la vida.

Naturaleza humana

Compruebo nuevamente que es me es difícil entender la naturaleza humana (incluyendo muchas veces la mía).

Es complicado captar, por ejemplo, el por qué de las reacciones de la gente a ciertas situaciones.

Tenemos el caso del ataque gratuito. Ése que te toca cuando a una persona imbécil le ocurre algo desagradable, se siente mal por algo o simplemente se le antoja. Tú te te cruzas por su camino por casualidad y su facilidad para la idiotez hace el resto: insultos gratis, malos modos, discriminación, violencia psicológica, todo puede pasar.

¿Qué les da derecho a sacar su frustración con la primera persona que encuentran? ¿Qué hace uno si prefiere la paz al conflicto? ¿O ya de plano todos le entramos a los trancazos y respondemos con la mayor malditez posible?

Otro caso, el insulto velado. Algo no le gusta a alguien más de tu persona (con o sin motivo). En lugar de analizar si tu frustración es justificada y ya sea actuar con madurez y olvidarlo si estás mal o resolverlo directamente si tienes razón, aprovechas cuanta oportunidad se presente para la burla o el sarcasmo velado.

¿Qué le pasa a esta gente? ¿Quién murió y les dejó el puesto de los que pueden ir rebajando a todos? Maldita la madre que los parió, dirían los españoles.

Y luego vienen los sinceros bienintencionados. Creo que de vez en cuando hay situaciones en las que hay que decir las cosas directamente, sobre todo si hay un problema que sólo de esa forma puede solucionarse. Pero no es necesario aderezar eso que se está diciendo, que probablemente no sea agradable para el receptor de esas palabras, con fracesitas como “todos ya lo vimos/notamos”, “fulanito ya me lo dijo en varias ocasiones”, “todos piensan lo mismo”.

Por mucha buena intención que tengas, estas fórmulas sólo provocan mayor malestar interior (tristeza, vergüenza, coraje) en quien ya está escuchando algo desagradable, incluso aunque esté intentando ser ecuánime. Por ahí he escuchado las palabras “rudeza innecesaria” y vaya que son ciertas. Esa persona que está recibiendo las malas noticias o la verdad desagradable mañana podrías ser tú, ¿cómo quieres ser tratado? Es para pensarlo.

Quizá soy muy ingenua de esperar ya no que te traten bien, al menos que no te agredan, pero no veo de qué modo este mundo que parece ir de mal en peor puede mejorar si es que cada uno no hace el esfuerzo de no sacar sus frustraciones con personas no relacionadas y tratar de al menos no maltratar a quien no tiene nada que ver con tus problemas o de no aplicar rudeza innecesaria cuando debes resolver un problema con alguien.