México no es de todos

Es triste escribir esto, pero a donde sea que voltee veo pequeñas señales de que México parece ser de aquéllos que pueden obtener los privilegios necesarios para vivir felizmente y sobrevivir se vuelve más difícil para los que no tienen recursos.

Los “dueños” de esta casa distribuida desigualmente son varios: los privilegiados, que tienen algún tipo de negocio o trabajos que les reportan ganancias millonarias, lo que les permite vivir en las zonas más exclusivas del país, moverse en vehículos de lujo, tener seguridad privada, y si así lo eligen, incluso ni siquiera vivir en México, sino sólo obtener más riquezas de él. En estos incluyo no sólo a empresarios, sino por ejemplo a profesionistas que se mueven en círculos de poder, como aquellos periodistas-celebridades que más que informar parecen ser voceros pagados por el mejor postor.

También están los que, gracias a su “habilidad” en la política, ganan un salario como diputado, senador, alcalde, gobernador, presidente y tantos y tantos otros que viven de trabajar en el gobierno, de trabajar para los ciudadanos, pero que hacen de su objetivo ignorarnos e ir saltando de puesto en puesto para no perder su fuente de ingreso, si cumplen sus promesas es secundario.

Tampoco faltan los que viven bien aterrorizando a los demás: narcotraficantes, secuestradores, extorsionadores, asaltantes, ladrones, delincuentes de todo tipo, pero que finalmente decidieron que lo más fácil era dejar el camino honesto y hacernos la vida imposible a los que apenas sobrevivimos sin delinquir.

Mientras tanto, estamos los inquilinos de ‘clase media’, esos a los que nos imponen trabajos mal pagados, a realizar en condiciones injustas, con las mínimas o ninguna prestación, que cada salida a trabajar implica no saber si nos tocará encontrarnos con alguien que nos quite nuestras posesiones duramente ganadas, los que estamos hartos de quienes viven de nuestros impuestos, pero que estamos más ocupados en resolver el día a día que en pedirles cuentas; también aquellos que viven en situaciones precarias, con trabajos esporádicos, apenas sobreviviendo; y por último, los que menos tienen en esta ‘casa de huéspedes’, sin un espacio digno, sin comida, sin lo básico, y más bien sobreviven por inercia.

Yo sé que estoy describiendo categorías muy generales, que quizá no todos los grandes empresarios abusan de sus privilegios exprimiéndole al resto de la sociedad, que sí hay políticos que tienen al menos la intención de hacer algo bueno desde su trinchera por el país, que no sólo hay periodistas voceros del poder, sino muchos que viven real peligro por informar con valentía lo que ocurre. Claro, debe haber gente buena incluso en estos grupos, no lo dudo.

El problema es lo que predomina, el problema es quién está ganando. Nos están imponiendo condiciones los menos, los que no tendrían por qué tener la sartén por el mango y mientras los demás lo sufrimos, algunos resignados, otros combatiendo, pero cada grupo por su lado. Ojalá nos golpeara por fin la realidad de que hasta que “los inquilinos” no veamos lo que tenemos en común, esos “caseros abusivos”, y busquemos cómo dejen de abusar de nosotros, vamos a vivir en condiciones injustas cuando estamos en nuestra casa, que el abogar por las causas justas sólo funcionará si la gran mayoría participa, no sólo los pequeños grupos esparcidos por todo el país.

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