La responsabilidad ante la información en la Web 2.0

La democratización de la información en nuestros tiempos (es decir, el hecho de que relativamente todo mundo puede tener acceso a datos que anteriormente sólo unos cuantos podían manejar y distribuir) ha causado que muchos de nosotros nos hayamos convertido en ciudadanos periodistas, voluntaria o involuntariamente.

Habemos quienes estudiamos carreras relacionadas con la información y la comunicación (en mi caso, Ciencias de la Comunicación) que entendemos que, cuando de información se trata, es una responsabilidad lo que difundimos y a lo que le damos relevancia, puesto que esa información puede llevar a la gente, dependiendo de su impacto, a tomar decisiones importantes para su vida.

Sin embargo, con la Web 2.0, todos nos hemos convertido en generadores y ‘comentaristas’ de contenidos, muchos tenemos blogs, participamos en diversas redes sociales, tenemos cuenta en diversas comunidades relacionadas con nuestros intereses.

Y con Internet, incluso quienes no participan en este tipo de servicios de intercambio de información también llegan a interactuar en formas más privadas, como los mensajeros instantáneos, mensajes por celular y el correo electrónico.

A lo que voy y con lo que siempre he batallado es esa tendencia a desligarse de cualquier responsabilidad con respecto a la información que uno está generando o está enviando a otras personas. No es posible que muchos opten por hacer caso a un simple ‘pásalo, esto es grave, si no lo pasas te va a ocurrir tal’ y obedezcan sin antes tener un momento de análisis respecto a lo que están enviando.

En esta tendencia he visto que se genera desinformación respecto a cosas que al final no tienen gran repercusión (se quedan en broma, como en el caso del engaño de las cuentas Premium en Twitter, como lo cuenta Rosaura Ochoa en su blog) hasta situaciones verdaderamente atemorizantes y alarmantes, como los mensajes de texto advirtiendo de una banda que iba a matar a mujeres frente a Wal-Marts de EU como rito de iniciación, situación que cuenta Julio Ojeda-Zapata en su blog (en inglés).

Creo que como participantes de la Web 2.0 es importante que tengamos muy claro que lo que pasamos, los mails que envíamos, los archivos que mandamos en mensajería, las ligas que mandamos en servicios como Twitter deben de ser al menos leídos y analizados antes de ser reenviados, de otra forma en lugar de enriquecer nuestra vida y la de los demás con la información a la que tenemos acceso, sólo generamos ruido, molestias, malas decisiones, en fin, todo lo bueno se cancela gracias a no tomarnos unos minutos para utilizar nuestro cerebro y analizar lo que estamos recibiendo.

UPDATE: Mientras comentaba esto con mis conocidos en Twitter, este artículo escrito por @kerendg, enviado por @stejules, resume muy bien lo que hay que hacer antes de reenviar algo en Twitter, pero aplica muy bien para todo tipo de información:

1. ¿Qué tan cerca estás del origen de la información? Es decir, cuán nueva es la información como para que valga la pena pasarla sin repetir.

2. ¿Es verídica, no es un ‘hoax‘ (engaño)? Esto se puede hacer investigándolo en el mismo Twitter, en la herramienta de búsqueda, y por supuesto, leyendo la información, si suena muy bueno o muy raro para ser verdad, no reenviarlo.

3. ¿Le hará perder el tiempo a la gente o le dará algo que aprender? Si la información que mandas es insulsa, sin nada de aprendizaje, por puro entretenimiento, es chiste local, no lo reenvíes.

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