Complacencia

A veces es curioso ver cómo el status quo hace que las personas perpetúen ideas o conductas que no son muy justas.

Las injusticias comienzan en casa. Leía recientemente que el 50% de los feminicidios en México los comete el esposo o un pariente que vive en el mismo hogar de la víctima. Y todo esto comienza con pequeños pasos que hacen que todo mundo vea a las mujeres como una especie de accesorio o electrodoméstico que sirve para mantener todo limpio y en orden.

¿Exagero? Nada más hay que ver todo los mensajes con los que nos bombardean los medios y que hacen ver normal esta situación. Casi siempre a la mujer se le presenta como la ama de casa, la que se encarga de todo, la que está para complacer, para encontrar medios en que las cosas marchen perfectas, aún a costa de su propia satisfacción, su energía, su vida.

Un spot de radio que oía recientemente presenta al marido llegando a la casa en Navidad y la esposa leyendo. El marido le pregunta con tono de extrañeza extrema ‘Amor, ¿qué haces?’ y ella le contesta ‘Leyendo un libro’. El sujeto continúa ‘¿Y la corona de la puerta?, ¿y los regalos?, ¿y el pavo?’ y ella responde a cada pregunta ‘Pues en la puerta’, ‘Bajo el árbol’, ‘Ya está en el horno’.

Mi pregunta es: ¿por qué es tan normal que las mujeres seamos quienes se encarguen de todos estos detalles? ¿Qué, los maridos y los hijos no viven en la casa que se va a mantener limpia y adornar en fechas especiales? ¿No van a disfrutar todos del pavo y los regalos? ¿Son meros huéspedes o inquilinos de un hogar, o son habitantes?

Y estas actitudes son normales y las ve uno en cada familia. Claro, pocas están dispuestas a pelear la batalla diaria que implica cambiar estas actitudes. Por ejemplo, la culpabilidad de no ‘aportar en nada’ (monetariamente hablando) hace que muchas sientan que si no tienen la casa inmaculada, cocinan, adornan, organizan la vida de los demás y les proporcionan todo, hasta las cosas que ellos mismos pueden obtener (como servirse ellos mismos comida o tomar algo que está al alcance de su mano) se sientan mal.

Digamos que cambiamos este papel y que en el de la persona que se queda en casa ponemos a un hombre. ¿Se tomaría tantas molestias? ¿Estaría tan al pendiente del más mínimo detalle? ¿Se levantaría y acostaría a las horas que muchas mujeres lo hacen nada más para tener las cosas bajo cierto nivel de control? ¿Lo haría incluso con gusto y sin sentirse ‘sirviente’? ¿Verdad que no? Pero en una mujer es “muy normal”. Como si fuera su único rol en la vida.

Yo creo que esto es exceso de complacencia con una situación que no debe de ser. Me parece que uno desde el principio con quien te cases y/o pretendas pasar tu vida debe de ser clara en que su papel como mujer no implica que sea la sirvienta perfecta, y que en casa todos harán algo y aportarán su granito de arena (siquiera los fines de semana, si no están diariamente) para tener todo andando. Para mí todas las persona de la familia (niñas, niños, marido y anexas) son habitantes y deben aportar, no son huéspedes que sólo con extender la manita o peor aún, ordenar, van a hacer que uno salte a servirlos.

Y a lo mejor con esos pequeños cambios de actitud de una misma y de los demás dejen de tratarnos como cosas prescindibles que no importa si te deshaces de ellas por otra o incluso de una manera drástica y permanente, como les pasa a muchas infortunadas mujeres.

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