A lo que hemos llegado

La preocupación por la cantidad de accidentes al volante ya no nada más parece alertar a los gobiernos, sino también a la Iglesia Católica…

De plano tan grave es que incluso el Vaticano tuvo que sacar sus Diez Mandamientos para el Conductor (sí, así como lo leen).

Con estos preceptos la Iglesia Católica pretende denunciar que a muchas personas cuando conducen les aflora el instinto de dominio, prepotencia y poder y el automóvil lo usan como objeto de ostentación de si mismos, para eclipsar a los demás y suscitar envidias.

El texto también denuncia comportamientos “poco equilibrados” en muchos conductores como la falta de cortesía, gestos ofensivos, imprecaciones, blasfemias, pérdidas del sentido de la responsabilidad, violación deliberada del código de circulación.

Por primera vez creo que estoy de acuerdo con esta idea de los prelados católicos. Realmente a la calle ya no se puede salir sin encontrarse con gente, que amparada en que va en un vehículo de varias toneladas, hace desmanes y muchas veces mata gente en su soberbia de tener un automóvil.

Entre los mandamientos están los siguientes: el primero es “No matarás”, segundo “La carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal; tercero, “cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos”; cuarto, “sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente”; y quinto, “el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado”.

El sexto “mandamiento del automovilista” es “convence con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo”; el séptimo, “brinda apoyo a las familias de las víctimas de los accidentes”; y el octavo, “reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón”.

El noveno “en la carretera tutela al más débil”, y décimo “siéntete tu mismo responsable de los demás”.

Ya no si siguieran estos mandamientos (que quiero ver que los católicos nada más ‘de nombre’ realmente hagan caso; los que sí siguen sus preceptos mis respetos) sino si al menos conocieran y respetaran el reglamento de tránsito de cada entidad gran cosa se lograría…

Pero como nuestra cultura mexicana es pasarnos los reglamentos por ‘el arco del triunfo’ pues ese deseo queda meramente en esperanza… para los que no tenemos automóvil…

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