¡Mueran los incumplidos!

Yo creo que yo debí de haber nacido en Japón o en lugar parecido.

Según me cuentan, allá las promesas de palabra sí vale y la gente tiene un concepto de honorabilidad que no le permite cancelar cosas de último minuto.

Sin embargo, nací aquí y tengo que acomodarme al modo de ser de los mexicanos. Parece ser que es mal común hacer tratos de palabra y ya cuando uno está moviendo cielo, tierra y mar para cumplir con el trato, cancelar de última hora.

Sólo estas dos semanas en tres ocasiones me han cancelado tres veces en cuestiones bastante importantes y sin mucha justificación que digamos.

¿Y qué puede hacer uno? Pues nada, porque ni siquiera tienen la decencia de pedirte una disculpa o algo.

De verdad que por eso a veces personas como yo ya no confiamos ni en nuestra sombra… Si acaso, en amigos muy selectos y contados con los dedos de la mano, pero en la gente que no es allegada nuestra definitivamente ni de chiste.

En fin, al menos existen los blogs como para poder desahogarse…

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