Mediocridad y desconsideración

Es curioso ver cómo una de las cosas que primero prometen los candidatos a los diversos puestos de elección popular es acabar con la pobreza.

Ellos hablan, por supuesto, de la carencia de los bienes necesarios para vivir y prosperar. Pero a mí me parece que a muchas personas les hace más falta aumentar su riqueza, pero de espíritu.

Esa sí es difícil de lograr, mucho más que la monetaria. Una pobreza de actitud lleva a diversas manifestaciones, entre ellas la total desconsideración por otras personas.

Es cierto, todos tenemos nuestros días malos, pero hay quien es maldito todos los dias, no importa cómo sea que le haya ido en ese particular momento de la vida.

Y no tiene que ver con si eres millonario y fuiste a escuela ‘nice’ o si, por el contrario, vives en una zona con casitas de cartón y apenas cursaste la primaria. La calidad humana se puede encontrar en todos los ámbitos, lo mismo que la mediocridad y la pobreza de espíritu.

¿O me van a negar que muchas veces esa persona humilde que a veces no tiene casi ni para comer es la que es más compartida? Y comparte con gusto.

Creo que todo está en cómo lograste llegar a donde estás en la vida… Si todo lo obtuviste porque eres el hijo de o porque tienes amigos en x lugar, y porque todo te lo dieron en la manita y no has tenido que hacer más que el mínimo esfuerzo, es obvio que tu mundo va a girar en torno a una sola cosa: tú mismo.

Si por el contrario, las cosas nunca te han sido fáciles y cada cosa que lograste nadie te la dio, sino que tuviste que luchar por ellla (por las buenas y sin trampas) tendrás más consideración por el resto del mundo y así no presumas de tener x religión, lo más probable es que seas más caritativo y generoso que aquél que supuestamente es muy devoto, pero apenas sale de la iglesia, sinagoga o templo a todos pisotea. Eso no es ser religioso en verdad, eso es ser hipócrita.

Y cuando hablo de caridad no estoy refiriéndome a la limosna, me refiero a que puedes ver a los menos afortunados y puedes tener la suficiente empatía para tratar de ayudarles o al menos no quitarles lo que está hecho especialmente para ellos (como los lugares apartados para ancianos o discapacitados, que muchos ocupan a placer; como los programas de asistencia social, a los que algunos se inscriben cínicamente; como los pasos peatonales, que quienes gozan de un auto tapan con su ‘carrito’ valiéndoles que las personas tengan que pasar por donde avanzan los autos, etc, etc)

Pero si por el único que abogas o al único que cuidas es a ti mismo y los demás te importan un comino, en realidad el verdadero discapacitado eres tú y eso es más lamentable que no tener recursos, no tener privilegios o no poder oir, ver o caminar por circunstancias fuera de tu control.

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