¡Por Dios, no investigues!

A veces es impresionante cómo la Iglesia Católica solita se mete el pie…

Stephen Hawkings, el famoso astrofísico, afirmó que el fallecido Papa Juan Pablo II alguna vez les pidió a los científicos no estudiar el comienzo del universo porque era ‘el trabajo de Dios’.

La Iglesia, que últimamente presume de mayor apertura, pretende combinar dos cosas que, cada una en su esfera, son muy respetables: fe y ciencia.

Todo mundo es libre de tener la fe y las creencias que guste, pero limitar las investigaciones por una creencia x (sea catolicismo, islamismo, budismo, el que sea) es otra situación.

¿Qué derecho tiene una institución, cualquiera, a poner límites sobre a dónde llega el conocimiento humano? A menos que este conocimiento, en sí, fuera perjudicial, dañino, no hay razón de ser para esa velada o a veces no tan velada censura.

Cuando una institución comienza, unilateralmente, a poner límites a este tipo de cosas está saliendo de sus atribuciones y derechos para ‘moldear’ las mentes de los demás. ¿Y los que no queremos ser moldeados? ¿Y los que queremos, más allá de una fe particular, saber y conocer?

Es una pena que, aún en estos tiempos, la Iglesia Católica siga teniendo ‘lapsus galileus’, es decir, siga creyendo que tiene derecho a decir ‘no digas que la tierra gira alrededor del Sol’ y que alguien debe mentir para no meterse en problemas.

Al final, la ciencia, la bien hecha, la rigurosa, prevalecerá y responderá ‘y sin embargo se mueve’.

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